Reyes del sueño

Noviembre 27, 2008

Un día el Rey Sin Sueño sonó que conocía a una reina.

El Rey Sin Sueño durmió un momento y vio un lugar maravilloso, una almena en un gran bosque con un lago.

Y allí estaba ella.

El Rey Sin Sueño despertó, pero la imagen le persiguió el resto del tiempo.

Ya no pudo dormir más, ni un momento.

En otra parte, una reina, soñó con un bosque, que tenía un largo y una almena. Y en la almena, había un Rey, que la esperaba.

Todas las noches la reina soñaba con la almena, pero el Rey no volvió a aparecer.

Mientras, el Rey Sin Sueño buscaba un bosque, con un lago y una almena, totalmente desesperado, queriendo soñar para volver a ver a la reina.

La reina, sin embargo, encontró pronto el lugar, pues estaba en su país.

Empezó a vivir en la almena, esperando a que llegará el Rey Sin Sueño, que, curiosamente, era el rey de sus sueños.

Dormía allí, comía allí y soñaba que él llegaba hasta allí.

Tras mucho tiempo de espera, el Rey Sin Sueño se volvió loco, pues no encontraba el bosque que anhelaba.

Un mago le dio una poción, y el Rey volvió a dormir un momento.

Y allí se encontró, en la almena del bosque.

Pero la reina no estaba, pues su pueblo la había considerado una demente y la había encerrado en palacio.

Sin embargo, el consejero de la reina la escuchaba, no creía que estuviera mal de la cabeza.

Pensó este consejero que sería buena idea hacer una fiesta con los reinos vecinos y no tan vecinos, para intentar conocer a ese Rey Sin Sueño y hacer que su reina fuera feliz.

Además, a su reina siempre le había gustado tener el palacio lleno de gente.

Convocó a todos los reyes y reinas de todos los países que pudo, y en unos pocos días, el palacio se había transformada en el mejor lugar para celebrar una fiesta.

Llegaron reyes y reinas de todos los lugares imaginables en aquel país. La reina se vistió con sus mejores galas y fue a la fiesta.

Pero el Rey Sin Sueño no estaba allí. Y la reina se sentó a mirar como la gente lo pasaba bien en su honor.

El Rey Sin Sueño estaba en su país, lejos, ignorando la fiesta que un pequeño consejero daba para que conociera a su reina.

No sabía nada de la fiesta porque el mago lo había impedido, procurando que todas las informaciones de otros lugares no llegaran manteniendo al Rey noctambulo en el más completo ostracismo.

Pero un vecino de este Rey Sin Sueño sospechaba algo, por lo que mandó a su pequeño colibrí a charlar con el Rey.

En cuanto el Rey Sin Sueño se enteró, fue a ver al malvado mago y lo desterró a una isla lejana, tras lo cual salió raudo en su caballo al país de la reina.

Cuando llegó, la fiesta había terminado, y la reina estaba sentada en una triste silla sola, mientras una sirvienta pasaba el mocho.

Y pasó que los reyes se miraron a los ojos y nunca más se volvieron a separar.

FIN.


La primera vez que fui de putas

Octubre 10, 2008

-         La primera vez que fui de putas, me invitaron a la cerveza- Comentó acodado en una barra, buscando, en el fondo de su pinta negra, alguien con conversar.

-         ¿Perdona?- contestó una voz.

Él volvió a mirar en el vaso.

-         Hostia…creo que voy muy borracho.

-         Pero que dices, que te he hablado yo- Levantó la vista y vio a una camarera que le miraba con cara extrañada.

-         Ya me parecía a mi que no había bebido tanto

-         Vamos a cerrar dentro de poco- Ella cogió un vaso y le comenzó a secar con un trapo- Así que yo iría terminando.

-         Sólo estaba recapacitando sobre las cervezas.

-         Eso me pareció a mi que hacía…-distraída, cambiaba de vaso – Y que, ¿le han invitado a muchas más cervezas?

-         La verdad es que desde aquella vez, ninguna más, oye. Las putas son muy honradas, pero agarradas como ellas solas.

-         Hombre, si te invitaron alguna vez…muy agarrás no serán.

-         Yo creo que me vieron cara de niño. Entiende que tenía 17años. Y eran otros tiempos.

-         Ya…- Ahora estaba metiendo vasos en la bandeja del lavaplatos.

-         También fue mi primera cerveza

-         Muchas primeras juntas, ¿no?

-         Tampoco tanto

-         Bueno, caballero, creo que debe irse. Tengo que cerrar- Ella se puso frente a él. El pelo la enmarcaba perfectamente la cara y le rozaba levemente el cuello, para seguir bajando por la espalda. Realmente guapa, morena con ojos oscuros y un buen tipo, pensó él.

-         ¿Y si te ayudo a cerrar y te invitó a una cerveza?- Soltó el casi sin pensar.

-         No me dejan salir con clientes- respondió ella después de un lapso de tiempo – ya sabe, política de empresa

-         ¿Me tomas el pelo?

-         No, es en serio. Y para que veas que no es porque no quiero, te invito a esta cerveza.

-         Vendré a verte otro día. Y para que no te olvides de mí, te voy a apuntar mi teléfono aquí. Si te arrepientes de la cerveza, puedes llamarme

-         Aquí estaré todas las tardes. Gracias por la notita – dijo ella sonriendo y cogiendo la servilleta que le ofrecía.

Él cogió el abrigo, se le puso y se despidió con una sonrisa, mientras ella se la devolvía.

Salió del bar y dos calles más allá se les encontró. Eran tres, pero estaba tranquilo. Había conseguido lo que se proponía, solucionar sus cosas, tomar una cerveza y conocer a una chica guapa. No pretendía durar hasta mañana. Era ese pobre diablo al que le invitaron a su primera y a su última cerveza.

La camarera se enteró al día siguiente por el periódico.

 


La cosa de detrás de la cama y el montruo del armario

Septiembre 12, 2008

    No sé como apareció allí. Simplemente, apareció.

Recuerdo aquel día, hacía más de una semana que el se había marchado para siempre, cuando adivine sus pequeños ojitos mirándome fijamente.

Ahí, entre el hueco de la pared y mi cama, se encontraba ella. La bauticé con el nombre de La Cosa de Detrás de la Cama, más que nada, porque no hablábamos el mismo idioma.

Ella sólo me observaba trajinar por la habitación. Yo la notaba, pero sus ojitos me convencía de que no podía mandarla fuera de casa.

Al principio me daba miedo dormir con ella ahí, mirando como me vestía, como leía antes de apagar la luz, e incluso con los ojos cerrados (los míos, se entiende) la notaba mirando fijamente mi expresión.

Yo no pasaba mucho tiempo en casa, trabajaba por las mañanas, por las tardes solía ir a nadar o a dar un paseo y poco mas.

Un día comprobé que había estado saliendo a escondidas de la cama. Lo dejaba todo de una baba blanca, y decidí que aquello no podía seguir así

Le planté cara y le pedí, eso si, amablemente que se fuera de mi casa.

Ella me miró horrorizada, intentando inspirarme compasión., pero cuando comprobó que no podía, salió lentamente del hueco y, antes de dar el portazo definitivo, me espetó  desde la puerta

-Mejor así no aguantare tus ronquidos.

 

Una vez que La Cosa de Detrás de la Cama se hubo marchado, descubrí una triste sorpresa.

Era el día siguiente, y cuando fui a sacar la ropa del armario, encontré dos ojillos diminutos mirándome desde mis zapatos de tacón.

Me asusté mucho al principio, pero como estaba acostumbrada a los ojos de detrás de la cama, se me pasó pronto.

Al final logré entender que pasaba. Era su hijo, si aquel que debió tener con la Pelusa Gigante que habita detrás de mi sofá (la pobre…está ahí tan cómoda y no molesta… ¿Cómo la iba a aspirar?) Eso explicaría porqué las babas blancas siempre acababan en el sofá…

Decidí que se llamaría El Monstruo del Armario. Al final iba a resultar que los cuentos de miedo de cuando éramos pequeños iban a ser verdad. Si había monstruos.

No ha crecido mucho, y es mucho más expresiva que sus padres. Me hace mucha compañía.

Total, esos zapatos casi ni me los ponía.

 

 


Cocodrila María

Mayo 28, 2008

Su favorita era Cocodrila María. Pero la jirafa-pelota tampoco estaba mal. Ni el patito rodador.

 

Cocodrila María se fue un soleado día de agosto, mientras daban una caminata por el paseo marítimo. Le pareció, que siendo una Cocodrila, le gustaría darse un chapuzón en el mar, y allá que la lanzó.

 

Cocodrila María no llegó con el primer impulso al mar, pero a ciencia cierta sabía, que poco a poco, lo alcanzaría.

 

Ya sabéis, los peluches andan y viven cuando nosotros dormimos.

 

 

Por eso los monstruos no nos comen por la noche.

 

Mil gracias a Mi Vecina Malevolia (www.mivecinamartier.com) , la mejor vecinita del mundo, por poner la voz: pincha a bajo para oirlo


Besos

Mayo 18, 2008

- No importa cuantos más doy en las despedidas, siempre me queda uno en los labios.

-¿Y que hace entonces?

-Al principio me aguantaba, miraba como se alejaba y punto. Después de todo, no podía estar todo el rato dándola besos

-Y después decidió…

-Que les guardaría en una cajita. Ya sabe, para regalárselo por nuestro aniversario o algo así. O si a mí me pasaba algo ella siempre tendría mis besos si les quería.

-Es una idea muy romántica.

-Ya. Pero un día sucedió la desgracia.

-¿Qué desgracia? Yo le veo estupendamente.

-¿Me toma el pelo? Bueno, el caso es que la desgracia llegó cuando yo tenía ya más de ocho cajas llenas. No cajas pequeñas, no se crea, cajas como de botas de montaña. Pero adornadas, mucho más bonitas que esas cajas de cartón reciclado.

-¿Y se lo dio?

-No, déjeme contarle. Resulta que decidí escribirle una carta, y juntar todas las cajas para mandárselo por correo, dándole así una sorpresa más grande.

-Qué bonito

-Ya. El caso es que lo empaqueté y lo envié por correo, con la esperanza de que llegara puntual el día de nuestro aniversario. Cuando volvía para casa fue cuando el loco me acuchilló. Bueno, a mí y a otros tres, supongo que lo oiría. Un hombre se trastorno en la puerta de correos porque no le dejaron mandar un paquete “sospechoso”…así que se lió a navajazo limpio con todo el que salía de la oficina. Sólo nos dio a tres, por suerte los de seguridad andaron rápidos.

-Pero se le ve muy bien. Supongo que ella le visitaría.

-Tu… ¿eres tonto, verdad? Déjame que termine de contar la historia y después haces preguntas. Bueno, cuando el asalto terminó definitivamente en el hospital, ella lloró sin consuelo. Y mis padres, los suyos, nuestros amigos…Un espectáculo, vamos.

Pero llegó el día de nuestro aniversario, y el dichoso paquete llegó, como yo quería puntual.

-Oh, y a ella se le enterneció el corazón…

-Que no me interrumpa, hombre. Abrió el paquete entre sollozos, leyó la carta aguantando la respiración y tomó la decisión.

Como mis cajas eran grandes, decidió que sólo se alimentaría de mis besos, hasta que duraran y luego ya se vería.

Sus padres, por supuesto, se lo tomaron fatal. En realidad todo el mundo, hasta yo. Ella no lo comprendía, pues era mi regalo y de eso se trataba, de que ella lo usara. Nadie estuvo de acuerdo. Así que cogió las cajas, el vestido que mejor le quedaba y se fugó.

Al principio vivía en una pensión maltrecha del centro. Un edificio que se caía a cachos, pero barato, y más si no comías allí.

Me desayunaba, comía y cenaba. Levantaba levemente la tapa y un beso mío se depositaba en sus labios carnosos.

Pronto, ella pensó que si seguía a ese ritmo, no le quedarían cajas en pocos días, y comenzó a ahorrar. Sólo un beso para desayunar y otro para cenar, puntualmente cada doce horas. El resto de las comidas eran vasos de agua.

Adelgazó mucho, y su vestido pronto quedó sucio y roído. La echaron del trabajo, pues no daba la imagen que en la empresa querían. Sin trabajo, se quedó sin dinero, y la echaron de hostal. Era barato, pero no hacían obras de caridad.

Ella seguía con su dieta de dos besos.

No aceptó ayuda de nadie, y se fue a los parques con las cajas bien guardadas en una bolsa.

Una señora compasiva la regaló un par de mantas, y así resistía el frío de las noches.

Se lavaba en las fuentes o en el río si hacía mucho calor. Desayunaba un beso y cenaba otro. Si estaba muy desesperada y me echaba mucho de menos, se tomaba otro a medio día. Pero no era lo normal.

Cuando la primera caja se acabó, creyó que se moría. Estuvo un día entero sin abrir otra, hasta que la desesperación la pudo y volvió a su régimen.

Apenas nadie la reconocía. Algunos le daban limosna, y la señora de las mantas la traía café las mañanas que hacía mucho frío. Yo creo que hasta se han hecho amigas. La señora le trae lo que necesite y ella la escucha o le habla, depende.

A lo que iba, después de casi un año, la segunda caja se terminó. No lo pasó tan mal como con la primera, pero se resistió a abrirla un poco. Por suerte, la señora andaba por allí y la obligó. Creo que ella se da cuenta de lo importantes que son esos besos. Caja tras caja, ha pasado el tiempo. La señora ya no va tanto a verla porque es abuela y ella se ha marchitado poco a poco.

Ya ha empezado la octava caja, y yo estoy aquí esperándola.

-Pero, ¿Por qué no va a buscarla?

-¿Tu eres nuevo, no? Ojalá pudiera, pero por sino te has dado cuenta, no somos ni la materia que creamos. Sólo quiero que se le acabe antes del invierno y deje de pasarlo mal. Quiero volver a ser yo quien le de besos, y no una caja.

-¿Y no hay ningún modo…?

-No claro que no. Sólo puedo esperar y observarla desde este cristal, hasta el fin de su tiempo.

 

Para quién sabe, por lo que sabe.

 


El bueno, el tonto y el malo

Septiembre 15, 2007

Un día me fui de viaje.
En un pequeño pueblo de montaña, encontré un mercadillo.
Allí sólo funcionaba el trueque.
Un señor viejo, arrugado y enclenque gritaba en un rincón mientras la gente pasaba a su lado sin hacerle caso.
Me aproxime para ver que es lo que vendía
-Vendo sueños!!Maravillosos sueños, quien quiere uno? Tu quieres uno, extranjero? Sólo te pido ese jersey de lana que llevas.
Se lo di, total yo tenia más jerséis en mi petate. Él me entregó un papelito y me dijo que lo leyera antes de dormir.
Me olvide del papel y del señor hasta la hora de ir a dormir…
Lo leí, releí y volví a leer. Pero nada pasó. Nada de sueños escritos en un papel que se pasan a mi mente.

MORALEJA:            Los sueños no se pueden comprar.

Un dia me fui de viaje.
En un pequeño pueblo de montaña, encontré un mercadillo.
Allí sólo funcionaba el trueque.
Un señor viejo, arrugado y enclenque gritaba en un rincón mientras la gente pasaba a su lado sin hacerle caso.
Me aproxime para ver que es lo que vendía
-Vendo sueños!!Maravillosos sueños, quien quiere uno? Tu quieres uno, extranjero? Sólo te pido ese jersey de lana que llevas.
Se lo di, total yo tenia más jerséis en mi petate. Él me entregó un papelito y me dijo que lo leyera antes de dormir.
Cuando llegó la hora, abrí ansioso el papelito doblado cientos de veces. Y ponía:
Buenas noches

MORALEJA:             Soñar es gratis, gilipollas.

Un dia me fui de viaje.
En un pequeño pueblo de montaña, encontré un mercadillo.
Allí sólo funcionaba el trueque.
Un señor viejo, arrugado y enclenque gritaba en un rincón mientras la gente pasaba a su lado sin hacerle caso.
Me aproxime para ver que es lo que vendía
-Vendo sueños!!Maravillosos sueños, quien quiere uno? Tu quieres uno, extranjero? Sólo te pido ese jersey de lana que llevas.
Se lo di, total yo tenia más jerséis en mi petate. Él me entregó un papelito y me dijo que lo leyera antes de dormir.
Decidí seguir andando un rato más ese día. Inexplicablemente, comenzó hacer frío.
Abrí mi petate en busca de abrigo cuando me percate de que no era el mío, sino el de una señora con la que coincidí en el pueblo.
Nada de abrigo. Absolutamente nada.
Abrí el papel, pensando que quizá hubiera merecido la pena.
Y estaba en blanco

MORALEJA:             gilipollas

 


Cupones

Agosto 15, 2007

cupon.jpg

Los cupones se amontonaban en cajas de zapatos desde 1987. Era una extraña colección que habían comenzado juntos, pero que nunca terminarían.

Mientras él lograba los cupones en los bares a los que solía ir, solo o acompañado de algún amiguete ocasional, ella les ordenaba pacientemente.

Un día ella dijo basta. No quería estar ordenando cupones sin premio mientras él se daba la vida padre, de bares, siestas y ocasionales salas de cine.
Cuando llegó a casa, con su nuevo botín, ella ya no estaba. Una triste nota colgaba del espejo de la entrada.

-Me tocó una lotería mejor.

Ahora sólo puede almacenar cupones, sin sentido.


Ruedas

Agosto 12, 2007

“Yo fui el que comenzó; Si, si, aunque no me crea. Fui yo”
El periodista levantó una ceja. Había grabado la conversación y aun oyéndola tres veces no terminaba de creérselo. Volvió a pulsar ´play´
“Mi barrio era muy chiquititio. Al principio fue difícil, pero luego la situación mejoró. La ortopedia estaba en la otra punta, así que no sospecharon cuando la primera silla fue robada.
La madre de un amigo se había caído por unas escaleras. Se partió la espalda y necesitaba una silla. Pero eran demasiado caras, así que mi amigo y yo decidimos robarla”
Ahora había un silencio.
“No voy a dar nombres, ¿Importa?”
“En absoluto” oír su propia voz era extraño. El hombre reanudó su charla.
“Como iba diciendo, planeamos robarla. Fuimos hasta allí andado. Con unas piedras rompimos la luna. Mi amigo se cortó, pero no tuvimos más problemas. La cogimos y salimos corriendo. Tenía 16años, ahora tengo 40 y la sensación de haber robado cerca de 20.000 sillas, no personalmente, pero…ya me entiende
La voz se corrió rápido. Gente de la ciudad, bastante grande por cierto, nos pedía ayuda. Fue extraño” Había una pausa y se le oía beber agua.
“Bien. Esto paso durante la crisis. Los objetos y útiles más bien ´secundarios` subieron mucho de precio. Normalmente, la gente hacía esas cosas con desechos, hierros, etc. Un vecino mío se hizo una muleta con un palo de regona, tres perchas y un retal de tela, se hacía unas heridas horribles, pero no pagó nada por ella. Otra vecina, una sartén con un casco militar. Y podría ponerte muchos más ejemplos.
Después de la guerra, quedaron muchos lisiados. La gente necesitaba ortopedias, pero los estados se desentendieron .Mi amigo y yo, por un módico precio en el mercado negro, conseguíamos las cosas. Sé que no me crees, pero me da igual.
Yo sólo quiero contar mi historia”

“No se preocupe, continua hablando, por favor” Otra vez su propia voz metalizada
“Ya, bueno. Una noche hubo un gran problema. Nunca nos habíamos planteado los riesgos. Ganábamos dinero, teníamos lo que queríamos, cambiamos de casa…Todas esas cosas. Pero no sabíamos que la poli empezaba a sospechar de nosotros.
Nunca supe quien fue, pero se dio un chivatazo.
Una noche, mientras hacíamos un encargo, apareció la secreta. Nosotros no íbamos nunca armados, sólo usábamos las piedras para los cristales, pero ellos no lo sabían y nos tirotearon. A mi no me dieron por los pelos, pero a mi socio lo mataron.”
Había una pausa larga en ese tramo de la cinta. Se le oía respirar fuerte, y poco después beber agua. A continuación prosiguió.
“Fue un golpe muy duro”
Paró la cinta. No cambiaba el tono, lo decía relajadamente, o al menos lo intentaba, como si hubiera pasado ayer. Tomó un par de notas y volvió a dar al botón.
“Yo me cambié de ciudad. Tenia a la bofia muy cerca. Me cambié a una capital. Decidí dedicarme a lo mismo y pronto volví a estar en una situación similar. Todo ese mercado de ortopedia venia a mi. Incluso de los pueblos cercanos. Entonces decidí dejar de mancharme las manos.
Contraté a unos chavalillos, que por un poco de dinero se hacían cargo. Era una buena situación. Yo les daba lo que quería y ellos me daban mercaría…
Les enseñe como hacerlo, y finalmente, decidí dar grandes golpes. En vez de robar una silla cada 3días, por ejemplo, robábamos 7 en el mismo día, una vez por semana. Resultaba más seguro, puesto que cambiábamos los días las horas, la zona…Todo era aleatorio.
La voz de esto se expandió rápido. Pronto, la gente ya no sólo quería sillas, también muletas, cabestrillos…Nunca me gustó la idea, pero era lo que exigía el mercado.
Creo que tú eres muy joven para acordarte, pero yo viví toda la guerra. Desde que era pequeño hasta el final.
Prácticamente no recuerdo nada más. Tras 27 años de guerra es normal. Todo el mundo dice que fue horrible y tienen razón.
Las guerras de ahora no son como las de antes. Ahora se pretende ´gastar` al enemigo, pero no matarle. Resulta mas útil así.”
Volvió a parar la cinta. Aquel hombre tenía razón. El no había vivido la guerra, pero tampoco pensaba que el objetivo de los otros fuera ´gastar`. Sonaba horrible. Por suerte todo había acabado ya, y sólo quedaban los heridos. Eran muchos, mas de la mitad de la población, pero eso era mejor que seguir en guerra. contar mi historia

La voz metalizada comenzó de nuevo.
“Bueno, retomando el tema, continuamos robando durante unos meses mas. El mercado negro se disparó y cada día ganaba mas, a pesar de que subía el sueldo a mis…empleados.
Me sentía como los antiguos gansters. Hasta el día de mi accidente. Pero eso fue después.
La policía estuvo apunto de pillarme alguna vez. Pero nunca lo lograron. Si es cierto que encerraron a alguno de mis chicos, pero salieron rápido y fueron recompensados por no delatar a nadie más.”
“¿Le importaría hablarme sobre su experiencia en la guerra?” Era consciente de que esa pregunta era peligrosa, pero ya puestos a que le contaran, que fuera de todo.
“Si claro. Cuando comenzó yo sólo tenia tres años, por lo que, realmente, no recuerdo mucho más que guerra.
Los primeros recuerdos que tengo de ella son con mi familia y unos vecinos, en mi salón, mientras oíamos por la radio, ya que la electricidad estaba cortada, como las tropas enemigas atacaban nuestras fronteras.
Cuando cumplí los 4 años, mi padre fue reclamado a las tropas. Nunca volvimos a saber de el. Mi madre siempre ha dicho que murió defendiéndonos. Yo personalmente, opino que murió por algo inútil.
Tuve la suerte de que mi pueblo era bastante grande, y no nos faltaban muchas cosas en comparación a otros lugares. Lo peor fue el día del primer bombardeo. Aun no estábamos preparados, bueno, en realidad, nunca lo estuvimos, pero en ese momento fue horrible. Yo estaba jugando con unos vecinos cuando oímos el ruido de aviones. Como niños que éramos, nos quedamos en medio de la calle mirando al cielo.
La primera bomba cayó a una manzana. Lo espectacular es el silencio que queda tras el inmenso estallido. Luego empezaron a caer más, a gritar la gente, que corría en todas direcciones.
Un vecino me encontró y me llevó con el a un sótano cercano. Era enano, abarrotado…pero mejor que nada.
Cuando resurgimos de las profundidades, todo era silencio. Sepulcral. Nadie se atrevía a decir nada. Una anciana comentó que dios nos había castigado por ser malvados. Fue la primera en hablar, supongo que por eso no lo he olvidado.”
Pausa para beber agua. Se notaba que le costaba recordad todo eso.

Pausa para beber agua. Se notaba que le costaba recordad todo eso.
“En fin, resulta curioso como actúa la gente en esas situaciones. Aflora el mayor egoísmo del planeta. Todo el mundo, escúchame bien, todos, saqueamos ese día. A los niños nos usaban para llevar cosas de poco peso. Fue una autentica locura.
Después de tres días, llegó un ejército al pueblo. Eran de los buenos, como decía mi madre. Obligó un toque de queda, que se instauró hasta el final de la guerra. Es evidente, que cuando comencé con mi negocio me lo saltaba. También requisó comida para ellos, saqueó casas, puesto que en las tiendas no quedaba nada de su agrado, e incluso, se comento que tomaron a alguna que otra muchacha. Eso no lo se.
A los niños se nos impuso una escuela, que impartía clases de todo tipo: como manejar armas, defensa personal, cualidades físicas…lo necesario para esos tiempos vamos. Recuero a mis profesores. Todos con el característico uniforme verde y una fusta.
Te preguntaras para que era. Pues es lógico. A todo aquel que se portaba mal, le arreaban con ella. Y no una vez ni dos. Normalmente, de la docena no se bajaba.
Pasaron varios años así. Nosotros no sabíamos nada de la guerra, en la escuela siempre se decía que nosotros ganábamos, los buenos. Aunque tuvimos algún bombardeo más, no fue ni parecido al primero. Es cierto que muró gente. Tanto por los bombardeos, como por los militares que nos ocupaban, pero apenas recuerdo quienes eran.
Cierto día, cuando yo ya había cumplido once años, un alto cargo decidió tomar el mando en todo el pueblo. Sabrás de qué te hablo a poco que estudies historia.
El General Zaid se volvió aun más represivo. Aparte del toque de queda, estableció otras normas, como la primera noche, la carnada y otras tantas.
Nos controlaba la poca electricidad que habíamos conseguido, los víveres mediante tarjetas de racionamiento familiar, los útiles básicos. Hubo mucha represión. Las acusaciones siempre eran de traición, pero todo el pueblo sabía que no era así.
Al padre de un amigo mío le ejecutaron por tener en su poder un libro sobre politica. Mi amigo y su madre fueron obligados a trabajar en casa de los militares de alto rango. Nunca lo volví a ver.
Todo era así, una autarquía dictatorial que no permitía respirar al pueblo. Bueno eso es lógico.
Vivíamos en la miseria más absoluta, aunque, eso si, dentro de unos limites permitidos. Eso era lo que nos decían para acallarnos. Más de una vez comimos en mi casa gato por conejo y paloma por pato o incluso pollo.
Lo que más recuerdo son los ruidos de las botas militares por la calle sin asfaltar durante la noche.
También recuerdo las redadas. De pronto, sin más, en el portal aparecía una cuadrilla. Subían corriendo las escaleras, con las armas preparadas, y abriendo de un portazo todas las puertas que encontraban a su paso. Rebuscaban en todos los rincones, miraban por todos sitios, lo desordenaban todo. Y si encontraban algo que no debía haber estado allí, se te llevaban detenido.
En casa nunca hubo nada fuera de lugar. Tuvimos suerte.
Cuando yo empecé con el oficio, nunca llevaba nada a casa. Era demasiado arriesgado. Lo que solíamos hacer era ir a una de las muchísimas casas en ruinas y desabitadas que había, y esconder allí la mercancía hasta el día que se entregara. Solíamos trancar la puerta de un armario o algo similar, para que los niños o algún desafortunado, entrara por allí, no pudiera ver que había en el interior.
Nunca perdimos mercancía, es todo un éxito.”

“Hábleme de cómo se quedó así. No termino de entenderlo.”
Paró la cinta una vez más. Era increíble como un personaje tan peculiar sabía tantas cosas. Y se había librado de tantas otras.
“Esa es una buena y corta historia. Me gusta dar paseos con locura. Un día lluvioso, en vez de ir andando por la ciudad, como ya era un poco tarde, decidí coger la moto. No solía usarla mucho, y no se porqué ese día me dio por usarla, pues como te he dicho, estaba lloviendo. Aunque eso no me molesta mucho.
No había nadie por la calle, recuerdo que era tarde.
Mientras estaba parado en un semáforo, un hombre se acerco a pedirme fuego. Yo no llevaba encima, pero aquel hombre se acercó. Me puse nervioso, pero a la vez intenté tranquilizarme, pensando que no pasaba nada.
Pronto descubrí lo equivocado que estaba.
El hombre me embistió y me tiro de la moto. No es que yo sea muy ágil, pero después de las clases cuando era niño, algo sabía.
Volaron muchos puñetazos y patadas, pero parecía no cansarse, mientras que yo, me casaba a cada momento más.
No recuerdo muy bien de donde la sacó, pero apareció en escena una pistola. Me puse muy nervioso e intente razonar con él.
Al ver que no lograba nada, intente alcanzar un callejón cercano corriendo. Estúpido de mí, pensé que si me movía no lograría dispararme. Una vez más me equivocaba
Una serpiente metálica de espantoso mordisco me alcanzó. La bala me atravesó la columna. Destrozó todo lo que encontró a su paso.
Y esa es mi historia.
Por eso uso esta silla de ruedas.”
Paró la cinta, esta vez de manera definitiva. Su jefe no lo iba a creer.