“Yo fui el que comenzó; Si, si, aunque no me crea. Fui yo”
El periodista levantó una ceja. Había grabado la conversación y aun oyéndola tres veces no terminaba de creérselo. Volvió a pulsar ´play´
“Mi barrio era muy chiquititio. Al principio fue difícil, pero luego la situación mejoró. La ortopedia estaba en la otra punta, así que no sospecharon cuando la primera silla fue robada.
La madre de un amigo se había caído por unas escaleras. Se partió la espalda y necesitaba una silla. Pero eran demasiado caras, así que mi amigo y yo decidimos robarla”
Ahora había un silencio.
“No voy a dar nombres, ¿Importa?”
“En absoluto” oír su propia voz era extraño. El hombre reanudó su charla.
“Como iba diciendo, planeamos robarla. Fuimos hasta allí andado. Con unas piedras rompimos la luna. Mi amigo se cortó, pero no tuvimos más problemas. La cogimos y salimos corriendo. Tenía 16años, ahora tengo 40 y la sensación de haber robado cerca de 20.000 sillas, no personalmente, pero…ya me entiende
La voz se corrió rápido. Gente de la ciudad, bastante grande por cierto, nos pedía ayuda. Fue extraño” Había una pausa y se le oía beber agua.
“Bien. Esto paso durante la crisis. Los objetos y útiles más bien ´secundarios` subieron mucho de precio. Normalmente, la gente hacía esas cosas con desechos, hierros, etc. Un vecino mío se hizo una muleta con un palo de regona, tres perchas y un retal de tela, se hacía unas heridas horribles, pero no pagó nada por ella. Otra vecina, una sartén con un casco militar. Y podría ponerte muchos más ejemplos.
Después de la guerra, quedaron muchos lisiados. La gente necesitaba ortopedias, pero los estados se desentendieron .Mi amigo y yo, por un módico precio en el mercado negro, conseguíamos las cosas. Sé que no me crees, pero me da igual.
Yo sólo quiero contar mi historia”
“No se preocupe, continua hablando, por favor” Otra vez su propia voz metalizada
“Ya, bueno. Una noche hubo un gran problema. Nunca nos habíamos planteado los riesgos. Ganábamos dinero, teníamos lo que queríamos, cambiamos de casa…Todas esas cosas. Pero no sabíamos que la poli empezaba a sospechar de nosotros.
Nunca supe quien fue, pero se dio un chivatazo.
Una noche, mientras hacíamos un encargo, apareció la secreta. Nosotros no íbamos nunca armados, sólo usábamos las piedras para los cristales, pero ellos no lo sabían y nos tirotearon. A mi no me dieron por los pelos, pero a mi socio lo mataron.”
Había una pausa larga en ese tramo de la cinta. Se le oía respirar fuerte, y poco después beber agua. A continuación prosiguió.
“Fue un golpe muy duro”
Paró la cinta. No cambiaba el tono, lo decía relajadamente, o al menos lo intentaba, como si hubiera pasado ayer. Tomó un par de notas y volvió a dar al botón.
“Yo me cambié de ciudad. Tenia a la bofia muy cerca. Me cambié a una capital. Decidí dedicarme a lo mismo y pronto volví a estar en una situación similar. Todo ese mercado de ortopedia venia a mi. Incluso de los pueblos cercanos. Entonces decidí dejar de mancharme las manos.
Contraté a unos chavalillos, que por un poco de dinero se hacían cargo. Era una buena situación. Yo les daba lo que quería y ellos me daban mercaría…
Les enseñe como hacerlo, y finalmente, decidí dar grandes golpes. En vez de robar una silla cada 3días, por ejemplo, robábamos 7 en el mismo día, una vez por semana. Resultaba más seguro, puesto que cambiábamos los días las horas, la zona…Todo era aleatorio.
La voz de esto se expandió rápido. Pronto, la gente ya no sólo quería sillas, también muletas, cabestrillos…Nunca me gustó la idea, pero era lo que exigía el mercado.
Creo que tú eres muy joven para acordarte, pero yo viví toda la guerra. Desde que era pequeño hasta el final.
Prácticamente no recuerdo nada más. Tras 27 años de guerra es normal. Todo el mundo dice que fue horrible y tienen razón.
Las guerras de ahora no son como las de antes. Ahora se pretende ´gastar` al enemigo, pero no matarle. Resulta mas útil así.”
Volvió a parar la cinta. Aquel hombre tenía razón. El no había vivido la guerra, pero tampoco pensaba que el objetivo de los otros fuera ´gastar`. Sonaba horrible. Por suerte todo había acabado ya, y sólo quedaban los heridos. Eran muchos, mas de la mitad de la población, pero eso era mejor que seguir en guerra. contar mi historia
La voz metalizada comenzó de nuevo.
“Bueno, retomando el tema, continuamos robando durante unos meses mas. El mercado negro se disparó y cada día ganaba mas, a pesar de que subía el sueldo a mis…empleados.
Me sentía como los antiguos gansters. Hasta el día de mi accidente. Pero eso fue después.
La policía estuvo apunto de pillarme alguna vez. Pero nunca lo lograron. Si es cierto que encerraron a alguno de mis chicos, pero salieron rápido y fueron recompensados por no delatar a nadie más.”
“¿Le importaría hablarme sobre su experiencia en la guerra?” Era consciente de que esa pregunta era peligrosa, pero ya puestos a que le contaran, que fuera de todo.
“Si claro. Cuando comenzó yo sólo tenia tres años, por lo que, realmente, no recuerdo mucho más que guerra.
Los primeros recuerdos que tengo de ella son con mi familia y unos vecinos, en mi salón, mientras oíamos por la radio, ya que la electricidad estaba cortada, como las tropas enemigas atacaban nuestras fronteras.
Cuando cumplí los 4 años, mi padre fue reclamado a las tropas. Nunca volvimos a saber de el. Mi madre siempre ha dicho que murió defendiéndonos. Yo personalmente, opino que murió por algo inútil.
Tuve la suerte de que mi pueblo era bastante grande, y no nos faltaban muchas cosas en comparación a otros lugares. Lo peor fue el día del primer bombardeo. Aun no estábamos preparados, bueno, en realidad, nunca lo estuvimos, pero en ese momento fue horrible. Yo estaba jugando con unos vecinos cuando oímos el ruido de aviones. Como niños que éramos, nos quedamos en medio de la calle mirando al cielo.
La primera bomba cayó a una manzana. Lo espectacular es el silencio que queda tras el inmenso estallido. Luego empezaron a caer más, a gritar la gente, que corría en todas direcciones.
Un vecino me encontró y me llevó con el a un sótano cercano. Era enano, abarrotado…pero mejor que nada.
Cuando resurgimos de las profundidades, todo era silencio. Sepulcral. Nadie se atrevía a decir nada. Una anciana comentó que dios nos había castigado por ser malvados. Fue la primera en hablar, supongo que por eso no lo he olvidado.”
Pausa para beber agua. Se notaba que le costaba recordad todo eso.
Pausa para beber agua. Se notaba que le costaba recordad todo eso.
“En fin, resulta curioso como actúa la gente en esas situaciones. Aflora el mayor egoísmo del planeta. Todo el mundo, escúchame bien, todos, saqueamos ese día. A los niños nos usaban para llevar cosas de poco peso. Fue una autentica locura.
Después de tres días, llegó un ejército al pueblo. Eran de los buenos, como decía mi madre. Obligó un toque de queda, que se instauró hasta el final de la guerra. Es evidente, que cuando comencé con mi negocio me lo saltaba. También requisó comida para ellos, saqueó casas, puesto que en las tiendas no quedaba nada de su agrado, e incluso, se comento que tomaron a alguna que otra muchacha. Eso no lo se.
A los niños se nos impuso una escuela, que impartía clases de todo tipo: como manejar armas, defensa personal, cualidades físicas…lo necesario para esos tiempos vamos. Recuero a mis profesores. Todos con el característico uniforme verde y una fusta.
Te preguntaras para que era. Pues es lógico. A todo aquel que se portaba mal, le arreaban con ella. Y no una vez ni dos. Normalmente, de la docena no se bajaba.
Pasaron varios años así. Nosotros no sabíamos nada de la guerra, en la escuela siempre se decía que nosotros ganábamos, los buenos. Aunque tuvimos algún bombardeo más, no fue ni parecido al primero. Es cierto que muró gente. Tanto por los bombardeos, como por los militares que nos ocupaban, pero apenas recuerdo quienes eran.
Cierto día, cuando yo ya había cumplido once años, un alto cargo decidió tomar el mando en todo el pueblo. Sabrás de qué te hablo a poco que estudies historia.
El General Zaid se volvió aun más represivo. Aparte del toque de queda, estableció otras normas, como la primera noche, la carnada y otras tantas.
Nos controlaba la poca electricidad que habíamos conseguido, los víveres mediante tarjetas de racionamiento familiar, los útiles básicos. Hubo mucha represión. Las acusaciones siempre eran de traición, pero todo el pueblo sabía que no era así.
Al padre de un amigo mío le ejecutaron por tener en su poder un libro sobre politica. Mi amigo y su madre fueron obligados a trabajar en casa de los militares de alto rango. Nunca lo volví a ver.
Todo era así, una autarquía dictatorial que no permitía respirar al pueblo. Bueno eso es lógico.
Vivíamos en la miseria más absoluta, aunque, eso si, dentro de unos limites permitidos. Eso era lo que nos decían para acallarnos. Más de una vez comimos en mi casa gato por conejo y paloma por pato o incluso pollo.
Lo que más recuerdo son los ruidos de las botas militares por la calle sin asfaltar durante la noche.
También recuerdo las redadas. De pronto, sin más, en el portal aparecía una cuadrilla. Subían corriendo las escaleras, con las armas preparadas, y abriendo de un portazo todas las puertas que encontraban a su paso. Rebuscaban en todos los rincones, miraban por todos sitios, lo desordenaban todo. Y si encontraban algo que no debía haber estado allí, se te llevaban detenido.
En casa nunca hubo nada fuera de lugar. Tuvimos suerte.
Cuando yo empecé con el oficio, nunca llevaba nada a casa. Era demasiado arriesgado. Lo que solíamos hacer era ir a una de las muchísimas casas en ruinas y desabitadas que había, y esconder allí la mercancía hasta el día que se entregara. Solíamos trancar la puerta de un armario o algo similar, para que los niños o algún desafortunado, entrara por allí, no pudiera ver que había en el interior.
Nunca perdimos mercancía, es todo un éxito.”
“Hábleme de cómo se quedó así. No termino de entenderlo.”
Paró la cinta una vez más. Era increíble como un personaje tan peculiar sabía tantas cosas. Y se había librado de tantas otras.
“Esa es una buena y corta historia. Me gusta dar paseos con locura. Un día lluvioso, en vez de ir andando por la ciudad, como ya era un poco tarde, decidí coger la moto. No solía usarla mucho, y no se porqué ese día me dio por usarla, pues como te he dicho, estaba lloviendo. Aunque eso no me molesta mucho.
No había nadie por la calle, recuerdo que era tarde.
Mientras estaba parado en un semáforo, un hombre se acerco a pedirme fuego. Yo no llevaba encima, pero aquel hombre se acercó. Me puse nervioso, pero a la vez intenté tranquilizarme, pensando que no pasaba nada.
Pronto descubrí lo equivocado que estaba.
El hombre me embistió y me tiro de la moto. No es que yo sea muy ágil, pero después de las clases cuando era niño, algo sabía.
Volaron muchos puñetazos y patadas, pero parecía no cansarse, mientras que yo, me casaba a cada momento más.
No recuerdo muy bien de donde la sacó, pero apareció en escena una pistola. Me puse muy nervioso e intente razonar con él.
Al ver que no lograba nada, intente alcanzar un callejón cercano corriendo. Estúpido de mí, pensé que si me movía no lograría dispararme. Una vez más me equivocaba
Una serpiente metálica de espantoso mordisco me alcanzó. La bala me atravesó la columna. Destrozó todo lo que encontró a su paso.
Y esa es mi historia.
Por eso uso esta silla de ruedas.”
Paró la cinta, esta vez de manera definitiva. Su jefe no lo iba a creer.