Cuando el mundo se quedó en silencio yo viajaba en un autobús atiborrado de gente.
El bullicio era alarmantemente cómodo entre las páginas del libro que iba leyendo. El chico que iba sentado a mi lado también iba leyendo, y, me supongo, éramos los únicos desconocidos en aquella lata a ruedas, pues a persona que subía, gente que la saludaba, eh, qué tal está tu madre que me enteré que estaba en el hospital, bien, bien, cómo siempre…Y así muchas más. Todas típicas de señora de pueblo.
Cuando el mundo se quedó en silencio yo viajaba en un autobús de pueblo atiborrado de gente.
Yo no vi el principio de lo qué paso, pero si un semáforo que no funciona, un ruido horrible de gritos y pitidos de un camión.
Y luego nada.
Y más tarde una cabeza gesticulaba cómo si pudiera hablar.
Cuando el mundo se quedó en silencio yo me quedé sorda.
Cuando el mundo se quedó en silencio…
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