Un día el Rey Sin Sueño sonó que conocía a una reina.
El Rey Sin Sueño durmió un momento y vio un lugar maravilloso, una almena en un gran bosque con un lago.
Y allí estaba ella.
El Rey Sin Sueño despertó, pero la imagen le persiguió el resto del tiempo.
Ya no pudo dormir más, ni un momento.
En otra parte, una reina, soñó con un bosque, que tenía un largo y una almena. Y en la almena, había un Rey, que la esperaba.
Todas las noches la reina soñaba con la almena, pero el Rey no volvió a aparecer.
Mientras, el Rey Sin Sueño buscaba un bosque, con un lago y una almena, totalmente desesperado, queriendo soñar para volver a ver a la reina.
La reina, sin embargo, encontró pronto el lugar, pues estaba en su país.
Empezó a vivir en la almena, esperando a que llegará el Rey Sin Sueño, que, curiosamente, era el rey de sus sueños.
Dormía allí, comía allí y soñaba que él llegaba hasta allí.
Tras mucho tiempo de espera, el Rey Sin Sueño se volvió loco, pues no encontraba el bosque que anhelaba.
Un mago le dio una poción, y el Rey volvió a dormir un momento.
Y allí se encontró, en la almena del bosque.
Pero la reina no estaba, pues su pueblo la había considerado una demente y la había encerrado en palacio.
Sin embargo, el consejero de la reina la escuchaba, no creía que estuviera mal de la cabeza.
Pensó este consejero que sería buena idea hacer una fiesta con los reinos vecinos y no tan vecinos, para intentar conocer a ese Rey Sin Sueño y hacer que su reina fuera feliz.
Además, a su reina siempre le había gustado tener el palacio lleno de gente.
Convocó a todos los reyes y reinas de todos los países que pudo, y en unos pocos días, el palacio se había transformada en el mejor lugar para celebrar una fiesta.
Llegaron reyes y reinas de todos los lugares imaginables en aquel país. La reina se vistió con sus mejores galas y fue a la fiesta.
Pero el Rey Sin Sueño no estaba allí. Y la reina se sentó a mirar como la gente lo pasaba bien en su honor.
El Rey Sin Sueño estaba en su país, lejos, ignorando la fiesta que un pequeño consejero daba para que conociera a su reina.
No sabía nada de la fiesta porque el mago lo había impedido, procurando que todas las informaciones de otros lugares no llegaran manteniendo al Rey noctambulo en el más completo ostracismo.
Pero un vecino de este Rey Sin Sueño sospechaba algo, por lo que mandó a su pequeño colibrí a charlar con el Rey.
En cuanto el Rey Sin Sueño se enteró, fue a ver al malvado mago y lo desterró a una isla lejana, tras lo cual salió raudo en su caballo al país de la reina.
Cuando llegó, la fiesta había terminado, y la reina estaba sentada en una triste silla sola, mientras una sirvienta pasaba el mocho.
Y pasó que los reyes se miraron a los ojos y nunca más se volvieron a separar.
FIN.